Vive Marrakech y el desierto del Sahara

Para los andaluces, Marruecos es un país que nos toca muy de cerca: tenemos arquitectura en común, culturas parecidas y solo nos separa un pequeño estrecho del mar Mediterráneo. Hoy en día, con lo barato que sale un vuelo Sevilla-Marrakech, casi que es un delito no aprovechar las ofertas y plantarte, en menos de hora y media, en este país tan exótico y cercano a la vez.

En abril de 2016, mis amigos y yo decidimos hacer un viaje-tour por todo Marruecos. El plan era llegar a Marrakech, pasar allí unos días y, desde allí, alquilar un coche para ver unas cinco ciudades hasta llegar a Tánger, donde cogeríamos el ferry de vuelta a la península. Sin embargo, las eventualidades que pasan en este tipo de viajes de mochileros, hicieron que nos quedáramos sin coche y acabáramos yendo en bus por el país, por lo que solo vimos Marrakech, Rabat y Tánger. Pero bueno, ¡ya tenemos excusa para volver!

En esta entrada, hablaré de Marrakech y de la increíble experiencia que fue pasar una noche en el desierto.

La ciudad de Marrakech

Nosotros llegamos de noche a la ciudad, después de coger un autobús desde el aeropuerto. Llegar en taxi también es una buena opción, pero antes vas a tener que regatear el precio con los múltiples taxistas que hay en la puerta del aeropuerto y llegamos demasiado cansados para eso (además, como descubrimos más tarde, no se nos daba muy bien).

Si os hospedáis en algún hostal de la medina, preparaos para calles estrechas y caóticas, la mayoría de ellas sin luz. Os lo advierto, porque nos impresionó mucho cuando llegamos y nos dificultó mucho el orientarnos hasta llegar al hostal. Nosotros nos quedamos en uno de la cadena Rouge, que nos ofreció además la excursión al desierto.

¿Qué podéis hacer en Marrakech? Hay muchos monumentos que ver, como son la mezquita Kutubia, el palacio de la Bahía, las tumbas saadíes, los jardines de la Menara y Majorelle y recorrer la muralla y todas sus puertas.

No podéis perderos todos estos lugares llenos de colores. Sin embargo, en mi opinión, lo mejor que podéis hacer, al menos durante una mañana, es olvidaros del mapa y poneros a andar. Vais a dar vueltas sin parar por el zoco, por callejones que serpentean sin fin, podréis ver antiguos oficios que en España apenas existen, como artesanos de la madera, del hierro o costureros; todos trabajando en la calle y ofreciendo sus productos. Marrakech no es tanto una ciudad para ver monumentos, sino un sitio para disfrutar y sentir, así que reservad un día sin rumbo para entender la cultura marroquí.

Eso sí, por la noche, no os olvidéis de estar en la Plaza Yamaa el Fna. Es una plaza junto a la mezquita y el zoco, donde se hacen muchos espectáculos por la noche, se reúnen familias, se come al aire libre y puedes encontrar todo tipo de cosas (¡nosotros nos encontramos un encantador de serpientes!). Si queréis tener una mejor perspectiva de la plaza, id a la cafetería Café Argana, que tiene un segundo piso desde el que podréis ver toda la plaza desde arriba.

El desierto del Sahara

Como teníamos pensado hacer un tour por el país, escogimos la opción breve de pasar solo una noche en el desierto, pero la misma empresa tenía ofertas también de varias noches. En nuestro paquete, entraba un minibús con unas diez personas, que salía a las seis de la mañana, se pasaba casi siete horas en camino hasta llegar al desierto (con sus correspondientes paradas en sitio estratégicos), paseo en camello, cena, noche en una haima, desayuno al día siguiente y de vuelta al minibús hasta Marrakech. ¿Sabéis cuánto costaba todo esto? ¡50 euros! Increíble. Eso sí, prepara tu paciencia para superar siete horas de autobús por una carretera de montaña 😉

Las primeras paradas son en puntos altos de la carretera, desde donde podréis ver las montañas High Atlas. Todo lo que os describa de estas montañas enormes y verdes se quedará corto, así que podéis imaginároslo un poco mejor con estas fotos.

Tras unas horitas más en el minibús, habrá una parada en Ourzazate, que incluye un guía local, que os dará una vuelta por el pueblo. Esta ciudad, también conocida como la puerta al desierto, es una de las ciudades de Marruecos que se han usado en múltiples ocasiones como centros de rodaje de películas y cuenta con un museo de dichas películas (que hay que pagar aparte). Nosotros no entramos, ya que había poco tiempo y tampoco nos pareció algo especialmente ligado a la cultura del lugar. Lo mejor es la Kasbah de Taourirt que, aunque no pudimos verla por dentro porque estaban restaurándola, solo con verla por fuera fue suficiente para encandilarnos. Cuidado si vais con tour, porque os dejarán “casualmente” en la puerta del restaurante más caro de la ciudad y cuando te des cuenta, tendrás un plato por delante que te cuesta 15€. Si puedes, ¡escápate antes!

En el tramo final de ida hacia el desierto, hicimos una parada más cerca del Valle del Draa. Es un valle que se extiende más de 100 kilómetros entre Ourzazate y el desierto y es un poco chocante verlo al principio. El Marruecos que habíamos visto hasta ahora se caracterizaba por un paisaje mayormente marrón y desértico y, de pronto, de la nada, salía este valle lleno de palmeras y zonas verdes, con agua en su interior y con una temperatura inferior a la que había fuera. ¡Un oasis!

Y, por fin, llegamos. Llegamos a una planicie en la que nos esperaban nuestros nuevos mejores amigos: los camellos. A decir verdad, no nos quedó muy claro si eran camellos o dromedarios, pero bueno, son unos animales muy nobles y dóciles, así que el fácil entablar amistad con ellos.

Estuvimos casi dos horas encima de los camellos, hasta adentrarnos en el desierto a unas haimas fijas que tenían allí. Las haimas son tiendas de campaña gigantescas, originalmente utilizadas por los nómadas como casa en su peregrinaje por el desierto. Ahora, cada vez son menos las familias nómadas en Marruecos y estas casas de quita y pon son más bien un reclamo turístico.

Eso sí, los chicos que nos acompañaban y se quedaban con nosotros se portaron genial. Nos hicieron la cena, nos hablaron del desierto, cantaron y tocaron por la noche y todo bajo un manto de estrellas impresionante. No sabes lo que son las estrellas hasta que pasas una noche en el desierto, eso es seguro.

A la mañana siguiente, nos levantaron temprano, cerca de las seis de la mañana, para ver cómo amanecía y, de nuevo, un paisaje que no se podría explicar y que solo puedo mostrar con una foto.

El camino de vuelta se nos hizo más largo, quizás por el cansancio acumulado del día anterior y agradecimos que solo hubiera una parada, aunque sin duda fue una de las mejores. Estuvimos en Ait Ben Hadou, una de las kasbah más famosas de Marruecos. ¿Por qué? Porque es un conjunto arquitectónico, apartado de la ciudad, prácticamente vacío, que se mantiene intacto por el paso del tiempo. Además, por si fuera poco, fue escenario de Gladiator y de Juego de Tronos, ¿qué más se puede pedir?

¿Qué  os ha parecido nuestra aventura por el desierto? Hay que decir que es una experiencia que todo el mundo debería disfrutar alguna vez, ya que no es algo que podamos hacer todos los días en España y que, sin embargo, lo tenemos más cerca que el resto de ciudades europeas. ¿Os animáis? ¡Comentad y compartid!

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