La decepción post titulitis

Todo el mundo sabe, y especialmente os estudiantes lo sufren, que España viene aquejándose de un exceso de amor hacia los títulos académicos y certificados de todo tipo. Para un estudiante que acaba de terminar los estudios o está a punto de hacerlo, encontrarse con una oferta de trabajo como esta es lo más normal del mundo.

En España, todo estudiante que se precie sabe que terminar una carrera o un ciclo formativo no es sino el comienzo de un periplo en pos de un sinfín de títulos extras con la extraña convicción de que estos le permitirán optar a un trabajo. Porque no nos engañemos, todos sabemos que estos títulos no te garantizan nada, simplemente te dan la posibilidad de inscribirte a ofertas de trabajo.

En concreto, para un estudiante de Traducción e Interpretación, lo más básico a lo que aspira tener es: el grado de TeI, C1 o C2 de los dos idiomas extranjeros, cursos de Trados, MemoQ o alguna herramienta de TAO similar, máster en algún tipo de traducción más específica como técnica o audiovisual, certificados sobre corrección del español, revisión, etcétera, etcétera, etcétera.

Con esta lista absurda e interminable, el estudiante se dispone con toda su buena intención a tachar títulos de su to-do list como si se tratase de la cesta de la compra. Esto no solo supone un desembolso importante de dinero para el alumno (solo el C2 de inglés ronda los 250€), sino que además se tarda mucho tiempo. Si vas sumando, resulta que son cuatro años de universidad, uno o dos de máster, más lo que tardes en sacarte todos estos títulos. Más o menos como si te estuvieras sacando medicina, vamos.

Aun así, el estudiante, resignado, hace sus deberes y se saca todos los títulos que el mercado laboral le impone. Y aquí es dónde viene la gran sorpresa y posterior decepción: por mucho que lo exijan en la oferta de trabajo, nadie te los va a pedir. Hasta la fecha, ninguna empresa me ha pedido que enseñe mis títulos y certificados que tan bonitos quedan en la pared. En el caso de TeI, las empresas te pedirán una prueba de traducción y, en el resto de los casos, lo que importa es la entrevista personal. En ambos casos, lo que vas a necesitas seguro es experiencia en el mundo laboral para saber desenvolverte bien. Al final te queda la duda de qué habría pasado si simplemente te hubieras inventado el CV, si simplemente el haber puesto que tenías el C2 de alemán (sin haber pagado por él pero teniendo el nivel) también hubiera servido para la misma causa. Y la respuesta es sí.

Cuidado, con esto no quiero decir que no te haga falta la formación. Claro que necesitas un nivel alto de inglés (o del idioma que sea) para traducir. Pero ¿es necesario sacarse el C2 de Cambridge para demostrarlo? No. Primeramente, porque el C2 evalúa competencias que poco o nada tienen que ver con la traducción y, segundo, porque no tener dinero o no querer gastarte lo que vale el examen no indica que no tengas el nivel que se necesita para traducir. ¿Necesitas saber usar Trados para trabajar como traductor? Pues depende. A mí en traducción audiovisual no me sirve para nada, pero aun necesitándolo (si te quieres dedicar a la traducción técnica es muy útil), puedes aprender tú mismo, con tutoriales de internet o bicheando en tu tiempo libre y sin que nadie te dé un certificado por ello.

Con esta entrada pretendo hacer dos reivindicaciones:

A las empresas, para que dejen de valorar a los candidatos por el número de títulos que tienen y más por la calidad de sus aptitudes. Si necesitas que el empleado se comunique en inglés con los clientes, ¿por qué no le haces parte de la entrevista en inglés? Y si el puesto que va a cubrir no tiene nada que ver con idiomas y jamás va a usar un idioma extranjero, no pidas en la oferta de trabajo que se valorará tener el C1 de francés.

A los estudiantes, porque la presión de encontrar trabajo ya es suficiente tal y como están las cosas. No te sientas frustrado o profesionalmente incompetente por no tener ningún máster. ¿Quieres saber cómo van los entresijos de la traducción audiovisual? Haz cursos o prácticas con un autónomo/empresa y aprenderás más rápido y más barato sobre lo que es ser un verdadero traductor audiovisual. No te agobies cuando acabes la carrera y te metas corriendo en un máster porque “es lo que toca después” o “para no perder un año”. No pasa nada porque dediques un año a probar cosas o a hacer prácticas en diferentes ámbitos y averiguar qué es lo que te gusta.

Como broche final, quiero confesar que yo cometí todos estos errores: acabé la carrera y me metí en dos másteres diferentes, me apunté en un curso de C1 de alemán e hice un montón de cursos online. Por eso creo que puedo escribir esta entrada, no porque no me sirviera de nada toda esa formación, sino porque no debéis sentir esa presión titulera nada más salir de la carrera y porque no es obligatorio por mucha oferta que veas en Infojobs pidiendo una carrera, dos másteres, cuatro idiomas y cinco años de experiencia para ser recepcionista de hotel.

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